Iglesia de la Comunidad Metropolitana (ICM)
Iglesia de la Diáspora (Valverde del camino-Huelva)
Reverenda Obispa de Nevada, primada de ECUSA, Katharine Jefferts Schori

¡Alégrate, hermana, alégrate, hermano, por la mejor noticia: Dios te quiere a tí, tal como eres, porque te ha creado para que disfrutes de su Amor, amando con los colores del arco iris!
Alégrate, no hagas caso de quienes sólo saben amenazarte,
acusarte,
condenarte
porque eres como Dios ha querido crearte,
como Dios ha querido que seas,
como Dios ama que seas. Él te ama.
Disfruta de su Ternura,
y manifiéstala,
exprésasela a la persona a la que amas.

"Lo importante no es la orientación sexual,
sino la capacidad de amar"
                                                 (Jacques Gaillot, obispo de Partenia)

"La homosexualidad no es pecado"

Por primera vez en cuatrocientos años, la Iglesia Episcopal de los Estados Unidos de América (ECUSA) tendrá no sólo una mujer ordenada de obispa, sino además primada, en su país, de esta confesión cristiana. De un plumazo, pues, dos avances eclesiales nucleares; y, por lo que parece, no solamente en lo que a logros feministas se refiere, ya que la reverendísima Katharine Jefferts Schori, sin cortarse un pelo, se ha referido sin ambages en estos días a la homosexualidad, no como pecado (en potencia ni en acto, como sí que distingue la hipocresía católica y de otras confesiones), sino como don divino.

            Efectivamente, el pasado lunes 19 de junio, Katharine Jefferts aseguró que los y las gays fuimos creados por Dios para amar a personas de nuestro mismo género, respondiendo de esta manera a la pregunta que le hicieron en la cadena americana CNN sobre si es o no pecado la homosexualidad. Monseñora Jefferts contestó, contundente y clara: “No lo creo. Creo que Dios nos creó con dones distintos. Cada uno de nosotros viene a este mundo con un grupo diferente de cosas que nos desafían y cosas que nos dan alegría y que nos permiten bendecir el mundo a nuestro alrededor”. “Algunas personas –continuó- vienen a este mundo con preferencias hacia personas de su mismo género y algunas personas vienen a este mundo con preferencias por personas del género opuesto”. Así, sin distinción cualitativa. Sin que una orientación sexual sea más digna de respeto y estima que la otra.

            Estas declaraciones de Katharine Jefferts Schori tienen la importancia de que han salido de la boca no sólo de una obispa, sino de una bióloga, una persona consagrada desde su juventud al conocimiento de los dinamismos de la vida. Resulta sumamente esclarecedor que no se hable de “opción” sexual, sino de “orientación” sexual, en clara referencia a la naturaleza (por nacimiento) de esta realidad afectivo-sexual. Esto es: se es gay (en el empleo anglosajón del término, referido a hombres y mujeres) porque se ha nacido gay, no tanto por una opción o decisión, aunque en el desarrollo de la personalidad se produzca, en un determinado momento de la adolescencia y primera juventud, una definición.

            Lo que la bióloga asevera lo asienta teológicamente la obispa: las personas gays hemos sido creadas gays por Dios.

            No es que sea una comunicación novedosa (es algo que en las Iglesias muchos venimos pensando y sabiendo desde hace muchos años). Lo realmente revolucionario es que lo haya dicho un obispo, una obispa. Con decisión, talento, sabiduría evangélica y valentía. 

           Felicidades, Katharine Jefferts Schori. Felicidades, Iglesia Episcopal de los Estados Unidos de América por tan sabia elección y tan oportuna consagración. Bendita sea Dios, Madre y Padre.


La conversión de mi amigo Thierry

Con profunda alegría en el Espíritu recibimos la notica: la Iglesia de Escocia, rama del anglicanismo, ha anunciado que bendecirá las uniones gays, un hecho sin precedentes en el Reino Unido. Esto aún no significa celebración matrimonial (sacramental), pero es un paso importante de cara a la normalización del hecho homosexual en los diferentes universos confesionales o religiosos. En la Iglesia Católica también se bendicen –pero en lo escondido de cada catacumba- parejas gays. Poco a poco irán cayendo los prejuicios que conforman el pecado de homofobia.

            Como cayeron las escamas de los ojos de mi amigo Thierry Séréno, el día que descubrió a Dios como Emmanuel, Dios-con-nosotros, en vez de como el dios homófobo que le habían enseñado en su iglesia, la católica.

            Thierry nos da el testimonio de su Pascua personal, su paso –por pura misericordia del Señor- de “un mundo en el que la diferencia conduce al ostracismo”, a “la luz de amor cargada de vida”, Cristo y su comunidad eclesial; su visión creyente agradecida de cómo, tras haber pasado por la más descarnada negación de sí, llegó a ver a Dios como un amigo que hace alianza con los hombres, y de esta alianza con el Señor participa hoy con Fabrice, su pareja (“mon mari”, como él prefiere decir), su aliado.

            “Primeras experiencias sexuales y primer encuentro con un dios de muerte: con mi primer amante, católico y animador del grupo parisino Devenir en Christ; a las gotas de esperma sucedieron rápidamente sus lágrimas de vergüenza y malestar, su impresión de haber ultrajado la voluntad de Dios dejándose llevar por una inclinación por la cual creía necesitar el perdón por la absolución sacramental. Pude ver en él los efectos devastadores de una institución eclesial homófoba que pide a los gays que renuncien a esta formidable energía que es la vida sexual y más generalmente afectiva. ¿Qué dios era este que hacía tanto daño a mi amante, que yo no podía ayudarle? ¿Qué dios era este que le impedía amar y ser amado? ¿Qué dios era este que quería separarnos? No era Dios, sino la voluntad mortífera de sus servidores, discípulos del Cristo crucificado y no resucitado. No era Dios sino precisamente uno de sus servidores, jesuita y director espiritual de mi amante y de ese grupo católico, quien intentó encontrarse conmigo… para decirme en el nombre del Espíritu Santo que yo debía hacerme heterosexual porque era este el plan de Dios. Que yo debía dar a la sociedad una familia y unos hijos… asombroso discurso por parte de un hombre soltero y sin hijos.”

            Thierry buscó mejores pastos, fiado en el Dios que no dejaría de proporcionarle alimento para su inquieto espíritu de hijo. Conoció varias comunidades cristianas, en las que fue acogido pero a condición de permanecer oculto, escondida su orientación sexual. Era lo mismo que le exigía el consiliario jesuita. Dios no quería eso, Thierry estaba convencido.

            “La vida que hay en mí no tiene nada que hacer en una iglesia donde hay muerte, donde estoy en peligro”.

            “El amor abrasador de Dios en mí me hacía abandonar esa institución. El Padre salva a su hijo liberándolo.”

            “Dios me quiere completo, lo sé, pero –en la institución eclesial homófoba- yo soy un miembro que se amputa del Cuerpo de Cristo”.

            Si “Dios se encarnó, ¿por qué, pues, querer desencarnarme?”

            El Señor hizo un milagro a Thierry: le hizo reencontrarse con su gran amigo de la infancia, también gay, con quien pudo compartir muchas historias comunes, muchas confidencias, confianzas, secretos de años pasados. “Dios puso juntos, sobre un mismo camino, a dos gays para que fueran plenamente ellos mismos, en su integridad, sin la amputación que lleva a la muerte del organismo en su conjunto. Lázaro salió completo de la tumba. Dios quiere que yo esté entero en esta vida que El me ha regalado. Soy gay, y esto tiene un sentido que ha de estar al servicio de la vida, y ¿por qué no al servicio de Dios?”

 Luego Thierry entró en contacto con MCC (ICM en español: la federación de Iglesias de la Comunidad Metropolitana), y constató algo profundamente liberador para cualquier persona cristiana homosexual: “¡Yo no era pues un marciano!”

            Esta experiencia eclesial con MCC (experiencia en la que Thierry Séréno permanece, ahora como Secretario Pastoral de la Iglesia Cristiana Ecuménica en Montpellier), le mostró, le probó que “se puede ser positivamente cristiano y gay”. Sin más comentarios.

            “Por primera vez, tuve la experiencia de ser enteramente yo mismo y en iglesia.”

            “Yo puedo finalmente ser enteramente miembro del cuerpo de Cristo, es decir un miembro gay del cuerpo de Cristo. El rostro de Dios se ilumina sobre el mío: soy yo mismo de cara a Dios en una comunidad de hermanos y hermanas”.

            Después vino Fabrice, su chico, y la alianza con Dios se concretó en alianza con un hombre, con su hombre.

            ¡Gracias, Thierry, por tu testimonio gay-cristiano!

            Tras él, ¿qué importa lo que digan los homófobos? Digan lo que digan, su dios es dios, el dios de muerte, no el Dios de la vida, no el Dios de Jesús. Bendita sea Dios.

           

 

Nota: los testimonios de Thierry Séréno han sido extraídos de Une nuée de témoins, Edition Croix Arc en ciel, IPNS, abril 2006.      


Fernando Frontan, Pastor ICM UruguayPastor Fernando Frontan

Fernando Frontan tuvo el privilegio de ser el primer activista gay visible en su país, Uruguay, hace diez años. Desde entonces, como él mismo dice, su vida ha tenido un “gran giro hacia la soledad del camino comprometido con el Evangelio”. Fernando, que acaba de finalizar sus estudios bíblico-teológicos para poder ejercer el ministerio ordenado en la Federación de Iglesias de la Comunidad Metropolitana (ICM), sabe muy bien lo que significa la soledad a causa de la radicalidad evangélica, “una decisión personal –me dice- que no es acompañada más que por las razones profundas que se cuajan en el interior nuestro”.

            El pastor Frontan me escribe frecuentemente. En su primera carta me manifiesta que tiene noticia de la lucha de las personas transexuales por el reconocimiento de su verdadera identidad: “Sé de esa lucha, de esa angustia; tengo varias hermanas en mi congregación que sufren el rechazo y la exclusión por identidad, yo hace más de diez años que vengo peleando por un proyecto de Identidad de Género en el Parlamento de mi país, sé de los bloqueos y los muros que ponen a ello las instituciones y los embates del conservadurismo fundamentalista.

            Hace muchos años en mi país, en tiempos de la dictadura, un sacerdote jesuita, Romy Lezama, se la jugó por los presos políticos… y terminó preso y torturado como tod@s ell@s... Mientras estaba en la cárcel escribió una oración que ha generado un impacto tremendo en mi vida y me gustaría compartirla contigo, quizá pueda apoyarte en tu camino espiritual.

            Romy decía a Dios de esta manera:

            “A veces me da miedo orar

            porque es decirle a Dios ¡presente!

            Cuando nos llama desde los pobres, los que sufren,

            Los necesitados, los que están solos,

            Los desamparados, los…

            Puede que nos encomiende una misión,

            De esas que se llevan la vida”

Creo que decir a Dios ¡presente! es contracultural, subversivo, si lo consideramos desde la radicalidad del Evangelio quedamos fuera de los aplausos del mundo a cambio de asumir la cruz liberadora de Cristo, con El y en El. Y no podemos menos que asumir que Dios nos toma la vida. Lo bueno de todo esto, cuando Dios nos toma la vida, nos la devuelve en abundancia, tanta que es imposible de contenerla”.

            Fernando me habla de su salida del armario en un país pequeño como Uruguay: “Yo pasé por eso en un pais tan chiquito como ese pueblo al que perteneces seguramente. Aquí te tirás un pedo en la capital y repercute en el horizonte más lejano del territorio nacional, por aquello de "pueblo chico e infierno grande". Siempre puse en jaque al clero presentándome como un candidato gay de irreprochable reputación en la vida de la iglesia y en aquel momento con confirmada vida celibataria. Pero... el decir soy gay, no me excluyó de entrada. Me dejaron estudiar en el seminario, pero viviendo en una comunidad de curas viejos que vivía en un asentamiento popular marginal de la capital, Montevideo; debí seguir estudiando y el trabajo pastoral me lo pusieron a 92km. de donde vivía. Bien para complicármela. Con todo, sobreviví, logre las mejores calificaciones en el seminario, desarrollé un proyecto de comunidades eclesiales de base en una diócesis con muy poca vida de pequeñas comunidades. Pero este grupo prendió y no solo ello, hoy a 15 años de aquella fundación existen más de 35 comunidades en toda la diócesis. Pero nada sirvió para convencerlo de que lo único que importaba era si tenía o no capacidad oblativa para vivir el celibato  disciplinario. Yo decía que no, ellos estaban asustado por el "putanguerismo interno en el clero" (quiero decir la vida sexual intensa dentro del clero, y los problemas colaterales, porque una sexualidad reprimida termina siendo una sexualidad compulsiva y una sexualidad compulsiva suele rozar con facilidad la perversión). En fin luego de 4 años pedí una definición, porque si en algún momento yo iba a ser cura necesitaba tener experiencia de seminario... Y se definieron, me pidieron que renunciara a todo... Lo hice y  con ese primer acto fue una seguidilla de rechazos y exclusiones que terminaron no sólo con mi vocación sino con mi vida de Iglesia. A esa altura llevaba 20 años de vida pastoral. Pero pudo más el peso de un prejuicio y yo sentí que valía mucho menos que ese prejuicio. Ahí fue cuando sentí que  la cosa no podía ser así, no estaba dispuesto a amordazarme ni a dejarme someter por el error y la malicia de los "acomodados del poder de turno". Gané una comunidad en el movimiento gay. Me metí a militar como gay cristiano laico. En ese momento el movimiento glbt en Uruguay había entrado en una profunda crisis. EL desafío pasaba por asumir una cara visible... Yo tenía tanta bronca e indignación que me hice visible a riesgo de perder trabajo, cariño familiar y amistades. Efectivamente fue así. Pero gané mi libertad y la dignidad de ser fiel al Evangelio del que me enamoré profundamente. Despues cambio la coyuntura... pero para cuando eso sucedió yo estaba más fuerte.

Fueron años de dolor. Estuve 3 años sin celebrar la Eucaristía, sin congregarme, sin tener vida comunitaria. Y tú bien sabes qué significa eso para un católico practicante. Pero no creía que pudiera existir iglesia fuera de la Iglesia Católica. Obtuso mi pensamiento, pero real. No creía. Entre tanto yo había fundado un grupo ecuménico para apoyar a la gente glbt y entablar una relación ecuménica con las iglesias para distribuirles información bíblica y teológica. No podía creer que esta comunidad nueva era la congregación que Dios me estaba ofreciendo y como si fuera poco me pedía que la pastoreara. Yo lo hice, pero no pude entenderlo así en aquel momento. Lloraba el rechazo de la Iglesia "Madre". Hasta que Dios, fastidiado de mi ceguera, arreglo para que una comunidad metodista me invitara a participar de su culto... Y fui... ¡Sorpresa! Sentí fuertemente Su presencia y sentí que la Iglesia era algo mayor a lo conocido por mí.

No me hice metodista, pese a que ellos tienen una apertura muy interesante a lo lgbt, y han tenido una actitud maravillosa frente a nuestra comunidad de cristianos. Yo igualmente no quería, luego de salir de una iglesia tradicional, meterme en otra. En fin. Al final conocí a ICM y allí recuperé muchas de las cosas perdidas”.

            Fernando, el pastor ICM Fernando, me invita, nos invita a todas las personas homosexuales y transgénero a buscar mejores pastos eclesiales: “No permitas que la ceguera de la jerarquía bloquee el avance el Reino de Dios... Tú tienes  el llamado a predicar y celebrar la eucaristía, y sé lo que eso debe significar porque es lo que yo he buscado desde niño...Y ahora estoy tan cerquita de conseguirlo. Porque si Dios lo permite, luego de retomar mis estudios en una Universidad Protestante (de Bs.As. a unos cuantos kms. de donde vivo) me aceptaron como estudiante gay y la semana pasada acabo de graduarme. Ya está todo pronto para que se cumpla la promesa de Jesús...”

            Como ven, Fernando ha gustado el sabor acibarado de la exclusión por parte de las iglesias hacia la comunidad GLBT. Continúa narrándonos su peripecia vital, y la manera tan honda y, si me permiten, entrañable con que retomó su militancia cristiana y gay.

            “¿Sabes cuándo comencé yo el ministerio con GLTB? Recién había sido echado del colegio Clara Jackson de Heber, donde trabajaba con adolescentes, por ser gay. Ingrese luego a un grupo político para luchar contra la discriminación, pero al salir de una institución que me discriminaba por ser gay entré en otra que me discriminaba por ser cristiano. Una vez esta organización que se llamaba Homosexuales Unidos (HU), hizo una performance en una disco. El acto consistía en una representación de los superhéroes glbt (se para fraseaban a Superman, Batman y Robin, la Mujer Maravilla, etc.) que luchaban con los chicos malos (el papa, entre otros... claro que no erraban en eso). Pero en ese acto uno de los superhéroes tomó una Biblia y la rompió arrancando un pedazo de ella... Ese acto fue discutido en el grupo, no por la santidad de la Biblia que sin fe es sencillamente un libro. Pero el debate era de que para los miembros del  grupo que tenemos fe ese acto era agraviante a nuestra fe. Yo tomé aquella Biblia rota y entendí que eso era los que nos pasaba a los cristianos glbt: habían arrancado su mensaje de amor abruptamente, tanto estos fundamentalistas anticlericales como los fundamentalistas clericales y cristianos... Pero la violencia ejercida contra la Biblia nada tiene que ver con su mensaje liberador. Así nació

primero nuestro grupos de judíos y cristianos glbt, el eelms y luego nuestra Diaconía Cristiana”.

            Para que luego vengan cuatro fundamentalistas cobardes camuflados (no son más) a querer emporcar lo que Dios ha querido hacer puro, grande, santificador: nuestro color del amor, como todos los colores del amor.

            ICM, Iglesias de la Comunidad Metropolitana: oasis eclesial para las personas LGBT. El Señor de la Iglesia bendiga a quienes trabajan en esta parcela de su mies, que es mucha, pero pocos los obreros. ¿Te apuntas? Bendito sea Dios.

           

 




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