Resucitador de Promesas Una vez más estamos a punto de terminar el año. Año que tal vez ha marcado nuestras vidas en cualesquiera de los múltiples aspectos de nuestra vida; tiempo que nunca más veremos nuevamente, pero lo que sí es verdadero, es que se presentan nuevas oportunidades para todos. Muchas canciones y poemas describen la trayectoria de los años que quedan atrás. Días acabados, llegada del fin de los propósitos del año anterior, algunos sin realizarse, otros terminados a medias, y otros ni siquiera intentados. Experiencias buenas, otras no muy buenas, y otras amargas; pero el año que comenzó hacía doce meses atrás terminó viejo y lleno de días. Ahora se abre paso el año nuevo; año de nuevas expectativas para muchos; para otros tal vez otro año de tantos de lo mismo. Y el año nuevo nacerá para llenarse de días nuevos, y envejecer al paso de los meses; pero nos queda lo importante; considerarle un año de nuevas oportunidades y de esperanzas, de luchas y de victorias por venir; o tal vez de intentos y de fracasos pero no de derrotas. Este año no queremos que sea uno de tantos, sino un año de nuevas expectativas, de nuevos comienzos; tal vez de remontar nuevamente a promesas pasadas pero aún vigentes; de nuevas metas por conquistar, incluso de nuevas promesas por alcanzar. Que sea el año de ver lo grandioso que Dios tiene para nosotros. Seguro que el año anterior recibimos promesas de Dios de cosas nuevas, incluso de años anteriores y que tal vez no vimos realizados, o que se dieron y al tiempo murieron. Quiero decirte de parte de Dios que volverán a venir; Dios va a hacer resucitar esas promesas que probablemente vimos nacer; nos entusiasmaron, pero de pronto algo pasó y las vimos inconclusas y algunas de ellas muertas para nosotros. Dios las va traer nuevamente a vida.
Aquí esta una mujer Sunamita. Llamada así por ser de la región de Sunem; región que estaba a unos trece kilómetros de Nazaret de donde se podía visualizar el monte Carmelo que estaba a unos 24 Kilómetros. Esta mujer, dice la Biblia que era una mujer importante del pueblo y sin hijos; su esposo era ya muy viejecito. La mujer cada que veía a Eliseo pasar por allí insistía en invitarle a comer y él accedía. Ella comenzó a ver algo especial en este hombre, y le dijo a su marido: “yo se que este es un varón de Dios” “vamos a construirle una aposento para que cuando él venga se quede en él” y así lo hicieron. Le prepararon todo detalle para que el profeta, varón de Dios tuviera una estancia agradable cada que fuera por esa región. El profeta estaba tan agradecido con la mujer y el esposo que pronto le dijo a su criado: “de alguna manera tenemos que agradecer” y le propusieron a la mujer que si ella quería que ellos hablaran alguna palabra al rey a favor de ella como muestra de agradecimiento por su bondad, pero ella no quiso. Así que Eliseo comentó pronto con su criado que este matrimonio no tenía hijos y que no estaría mal profetizar sobre ellos para que tuvieran uno, y así sucedió. Se cumplió la profecía: “El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo” y le nació un hijo. Dios nos ha dado promesas a cada uno de nosotros. Nos ha prometido sueños, que por algunos de ellos hemos creído y han dado a luz; por otros nos ha faltado fe para verlos nacer pero hoy la promesa que Dios tiene para nosotros es, que los sueños van a nacer. Dios tiene sueños; tiene promesas que se van a cumplir para cada uno de nosotros en este año que comienza solo nos falta creer que así sucederá. Cuando el profeta dijo a la mujer “El año que viene, por este tiempo, abrazarás un hijo” ella contestó: “No, señor mío, varón de Dios, no hagas burla de tu sierva”; Por que ya avanzados los años de matrimonio, para ellos era imposible tener hijo. La Biblia hace mención de su esposo que era viejo; de ella no se menciona su edad, pero más o menos la historia es similar a la de Abraham y Sara; donde, siendo ambos ya viejos, Dios le prometió un hijo en su vejez. Sara se rió de la promesa que Dios les hizo, y dijo para sí: “después que he envejecido, tendré deleite en mi esposo siendo también ya viejo”. Sara al Igual que la mujer Sunamita no creyeron que eso podría pasar, pero Dios le dijo a Sara: “¿Hay acaso para Dios algo Imposible?”. Y hoy te dice Dios: Van a nacer nuevos sueños, nuevas promesas; tienes que creer porque ¿Hay para Dios cosa imposible?
Es el tiempo de tomar esta promesa. Vamos a concebir tanto, promesas para el siguiente año, como vamos a dar a luz Promesas de palabras que Dios ha hablado este año que está pasando. Dios las va a traer a vida. Mencionaba que seguramente hemos visto palabras cumplidas; propósitos realizados pero que tal vez murieron de repente. Los vimos nacer, nos emocionamos por que Dios cumplió sus palabras pero de pronto mueren. Dios tiene palabra para ti. No debes de venirte abajo. Los sueños que Dios te da y de pronto como que mueren, Dios los va a resucitar.
Dios tiene planes aún. Solo es un dolor de cabeza; Si Dios te dio esas promesas Dios tiene la vida para ellas. Son sus sueños en ti, son sus promesas en tu vida, no van a morir definitivamente van a resucitar. Hay momentos en la vida cuando parece que ya no queda nada por hacer. Pero Dios dice todavía hay algo por hacer. Es el tiempo de buscarle por que tiene la solución y la respuesta. Es tiempo de hacer como la Sunamita; ensilla tu burrito, que nadie te pare y ve la fuente de donde vino esa promesa; a Dios. La mujer se fue a buscar al profeta; le dijo al criado: “que nadie te detenga sino hasta que yo te diga”. Tú decides dónde te paras. Tú decides si avanzas, o te quedas donde se murieron las promesas.
Finalmente dice que el profeta se fue con la mujer hasta donde estaba el cuerpo del niño.
Lo que has visto hasta aquí no es todo lo que Dios tiene para ti; aún hay más y tus ojos todavía no han visto todo lo que Dios tiene para ti. No importa si de pronto parece como que todo ha muerto ya; todavía no hemos visto la más glorioso. Dice que el profeta siguió a la mujer hasta donde estaba el niño; allí en el aposento donde Eliseo se quedaba. El criado se adelanta y con su báculo en mano, entra al aposento y ve al niño tendido. Le acerca el báculo y comprueba que realmente está muerto. Después regresa al encuentro del profeta y la mujer y le dice: “el niño no despierta” y llega el profeta hasta el aposento, entra y cierra la puerta y ora a Dios. Observa al niño y se posa sobre él hasta que nota que el niño comienza a entrar en calor. Sale de su habitación y comienza a pasear por la casa y de pronto regresa nuevamente a su aposento; se posa nuevamente sobre el niño y el niño comienza estornudar siete veces, y abre los ojos. Eliseo abre la puerta llama a su criado y le dice: “ve y trae a la mujer” y la mujer llega hasta donde el profeta y le dice Eliseo: “Aquí está; Toma a tu hijo” Esa profecía hecha realidad y que de pronto un día murió, volvió a vivir. Dios va a hacer vivir sus promesas en nosotros. Aquellas que parece que ya han muerto van a vivir otra vez. Pero necesitamos ir a hasta Dios y decirle Padre: tú me diste estas promesas y ahora han muerto; no te dejaré, has algo Señor” Dios responderá. Dios las resucitará. Ni importa cuanto tiempo han pasado muertas Dios las traerá nuevamente. La mujer fue a buscar a Eliseo en su burrito. Caminaron unos 24 kilómetros que era la distancia que estaba separada Sunem del monte Carmelo. 24 Km. de ida y 24 Km. de regreso aproximadamente. Mas o menos pudo haber echo de camino en total un día; unas veinte horas. Eso no perdiendo el ritmo de caminar de unos tres a cuatro Kms. por hora. La enseñanza es no pierdas el tiempo. No dejes que pase más tiempo en buscar a Dios para que les de vida una vez más a las promesas que un día te dio. Él las va a resucitar. Amen. |

top