Iglesia Evangélica Cantabria
Sant Martí - Barcelona

FELIZ AÑO … ¿NUEVO?


Esta expresión me recuerda de inmediato al libro del Predicador, Eclesiastés, cuando afirma que no hay nada nuevo bajo el sol.

¿Son nuevas las buenas intenciones de cambiar cada año, los deseos de que la paz se instale de una vez en tantas zonas castigadas por la guerra y la violencia, o la superación de las rencillas en el ámbito más inmediato pero igualmente dañinas, en las relaciones de familia o de la iglesia? Hoy me ha sacudido otra noticia: un nuevo atentado terrorista con furgoneta bomba en la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas, en Madrid. Una historia vieja que se repite en diferentes lugares, en los que cambian los nombres de los protagonistas particulares, pero teniendo el mismo protagonista general, el ser humano. La violencia engendra una y otra vez más violencia.

El ser humano desea que se dé a luz la paz, pero engendra odio; anhela la concordia pero siembra desconfianza; espera tiempos mejores pero se prepara para la guerra.

¿Puede surgir algo nuevo en esta situación? La verdadera novedad está en lo que el Señor hace y quiere seguir haciendo. Pero el actuar del Señor, en este tiempo como en muchos otros, es el actuar quieto, imperceptible a la vista, el del cambio profundo en el corazón de quienes quieren atender al mensaje de paz y esperanza ofrecido en Jesús. Es un actuar que llama a la fe, a la confianza en sus promesas, colocándonos en una disposición atenta a su Palabra. Esta fue la resolución de Habacuc en tiempos difíciles, de conflicto, cuando las cosas parecían empeorar a cada paso.

Podemos hablar de cosas nuevas: un corazón nuevo, mudado por la gracia, de una actitud nueva por el poder transformador del amor de Dios; cambios que empiezan en el interior y que luego salen a la luz, que no se quedan en palabras sino que devienen hechos.

Es así como podemos experimentar que las misericordias de Dios son nuevas cada mañana para quienes esperan en Él, y esta experiencia se transforma en gozo que quiere compartir la novedad, la alegría de la nueva vida.

Cuánto tenemos que aportar a nuestro viejo mundo, y cuán importante es porque sólo Dios trae la verdadera novedad, mientras tanto el mundo sigue con sus viejas, muy viejas costumbres

Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros, que sois guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero. (1 Ped. 1:3-5)

Eliseo Casal



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